Dominic Blackwood
El olor a aguarrás y aceite linaza se mezclaba con el aroma a piel limpia y rebelde que emanaba de Chloe. La tensión por mi confesión sobre los tipos del club no nos separó; al contrario, pareció actuar como un catalizador, un puente oscuro que nos unía en una comprensión que nadie más en Londres podría alcanzar. Mis manos, las mismas que ella sabía manchadas, no la repelieron. Ella las buscó.
La acorralé contra la mesa de madera maciza donde descansaban sus botes de pintura.