Dominic Blackwood
Entré en el taller sin llamar. El sonido metálico de la puerta deslizándose sobre sus rieles resonó en el espacio industrial, pero ella ni siquiera se inmutó. Ross estaba de espaldas a mí, con el cabello recogido en un moño desordenado del que escapaban varios mechones que le rozaban la nuca. Tenía el delantal manchado de una mezcla de azul cobalto y negro, y se movía frente al lienzo con una energía que no era la de siempre. Había una ligereza en sus hombros, casi una alegría