Dominic Blackwood
El hospital privado olía a limpieza extrema y a esa extraña paz que solo se encuentra en las alas de maternidad. Spencer nos hizo una seña desde la puerta de la habitación. Parecía que le había pasado un tren por encima, pero tenía una luz en los ojos que nunca, en treinta años, le había visto.
—Pasen —susurró mi hermano—. Pero en silencio. Las dos guerreras están agotadas.
Entré detrás de Chloe, sintiendo que mis pasos, usualmente pesados y decididos, eran ahora torpes. Me se