Dominic Blackwood
El silencio de Chloe durante el desayuno me había golpeado con más fuerza que cualquier puñetazo de Liam. Verla sonreírle a Mia, hablar de un concurso de arte y salir de la casa como si yo no fuera más que un mueble en el pasillo, me estaba volviendo loco. El vacío de mi memoria era una celda oscura donde no paraban de resonar las palabras de esa mujer en el hotel.
Necesitaba una perspectiva externa, pero no la de Miller, que solo me daría lealtad ciega. Por eso, cuando Spence