Mia caminaba de tienda en tienda con una energía renovada. La veía comparar precios, mirar etiquetas y fruncir el ceño cuando algo sobrepasaba la cantidad de libras que Liam le había asignado. Era tierno, de una forma extraña, ver a la princesa de los Blackwood tratando de sobrevivir sin la tarjeta negra ilimitada de Dominic.
—Mira este, Chloe. El verde esmeralda resaltará tus ojos —decía ella, sacando un vestido de un estante—. ¡Y está de rebaja! Liam no podrá quejarse de que gasto de más.
Le