La puerta se cerró tras ellos con un leve crujido, y el sonido de sus pasos resonó en la vasta oscuridad que los rodeaba. No había luz, ni señales de vida, solo un silencio profundo y pesado que les envolvía. A medida que sus ojos se acostumbraban a la penumbra, pudieron distinguir unas sombras difusas que se movían como espectros en la lejanía.
Samantha sintió que la presión aumentaba. El aire en este lugar parecía denso, casi sólido, como si estuviera rodeada por una masa de energía que los o