Dos semanas después
—Abuelo, todo estará bien —aseguró Valentina con voz suave, pero firme, rodeándolo con un fuerte abrazo. Sus brazos temblaban ligeramente, pero su sonrisa intentaba transmitirle la confianza que su corazón luchaba por sostener.
Rafael Castillo, con su piel surcada por los años y sus manos cálidas, correspondió el abrazo con ternura. Sus ojos oscuros, que tantas historias habían visto, brillaban con una mezcla de emoción y resignación.
—Aquí estaremos esperando por ti, abuel