El sol bañaba la cocina de un cálido resplandor, iluminando la mesa donde la familia Milano se reunía para el desayuno. El aroma del café recién hecho se mezclaba con el del pan tostado, creando una atmósfera acogedora. Benjamín, con una sonrisa radiante, observaba a su hijo Valerio, de cinco años, quien brincaba en su asiento, la emoción a punto de reventarle.
—¡Papá! ¿Ya nos vamos a Italia hoy? —preguntó el pequeño, sus ojos brillantes de anticipación.
Benjamín le despeinó el cabello con cari