Capitulo 34

Una luz comenzaba a asomar por el horizonte, tiñendo el cielo de un suave rosa. Los primeros rayos de luz se colaban por las ventanas de la habitación de hotel, despertando a todos y anunciándoles que debían aprovechar el día.

La ciudad aún dormía, pero ya se podía escuchar el murmullo de la vida que comenzaba a despertar.

Bajó a la planta baja y encontró a Gabriel y Martina desayunando en una mesa junto a la ventana.

—Buenos días, —saludó con una sonrisa.

—Buenos días, mujer —respondió Gabr
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