Una luz comenzaba a asomar por el horizonte, tiñendo el cielo de un suave rosa. Los primeros rayos de luz se colaban por las ventanas de la habitación de hotel, despertando a todos y anunciándoles que debían aprovechar el día.
La ciudad aún dormía, pero ya se podía escuchar el murmullo de la vida que comenzaba a despertar.
Bajó a la planta baja y encontró a Gabriel y Martina desayunando en una mesa junto a la ventana.
—Buenos días, —saludó con una sonrisa.
—Buenos días, mujer —respondió Gabr