Mientras tanto, Isa regresaba a la casa con los audífonos aún en los oídos, el sudor en la frente y el corazón latiendo con rabia y miedo mezclados. Aún sentía el veneno de Ricardo en la piel, sus palabras.
Y sobre todo, ese “nos parecemos más de lo que crees”.
¿Y si tenía razón? ¿Y si había una parte de ella, muy al fondo, que había aprendido a destruir antes de ser destruida?
No. De ninguna manera. Lo que ella hizo fue justicia. Solo eso. Esto era parte una estrategia maxabra de ese enfermo y