Isabel se encerró en el baño del piso de arriba, cerró la puerta con seguro y se dejó caer contra la madera.
Solo entonces se permitió llorar. Silenciosa. Contenida. Como si al soltar el primer sollozo también se rompiera el frágil equilibrio que había logrado construir.
—Esto no está bien. No puedo sentir esto por él.— se repetia una y otra vez en su cabeza.
No sabía cuánto más podría fingir.
Celina estaba apretando cada botón con precisión quirúrgica.
Y Jareth… él solo la miraba. Con esos oj