Isabel se obligó a alejarse de él recuperando la compostura. Pero debía poner límites y ese era ahora. Le dio una bofetada y se alejó de él.
—He dicho que te vayas, Jareth. — susurró dándole la espalda.
Jareth lo pensó antes de irse. Pero era evidente que tenía que darle tiempo. Así que salio y se quedó afuera, con la espalda apoyada en la pared. Con el alma colgando de una cuerda floja.
Y al otro lado, Isabel cayó de rodillas. Lloró como aquella vez por la traición de Ricardo, pero ahora sent