38. No pienso alejarme de mi hijo.
Emir
Abrí los ojos lentamente. Todo me daba vueltas. Me sentía aturdido, cansado, como si mi cuerpo pesara el doble. Llevé ambas manos a mi frente, intentando calmar el mareo.
Mi hermana estaba ahí, observándome con detenimiento, con esa mezcla de preocupación y ternura que siempre tenía conmigo. Se acercó despacio y depositó un beso en mi mejilla.
—Tranquilo… ¿sí?
Asentí apenas. No tenía fuerzas ni ganas de hablar. El dolor había cedido, pero la debilidad seguía instalada en mi cuerpo.
—No le