39. Es mi papá
Valeria
Sentía el pecho a punto de estallar mientras miraba a Emir, conectado a varios cables. Su mirada estaba perdida, pero yo sabía muy bien que estaba molesto. Jamás imaginé que descubriría la verdad de esta manera. Quise decírselo antes… pero el miedo se instaló en mí, sobre todo por su padre.
Rodrigo ya me lo había advertido. Y, aunque me duela admitirlo, tenía razón en algo: nunca debí ocultárselo. Aun así, no dejo de pensar en lo maldito qué es Rodrigo. Ojalá algún día pague por todas s