54. Boda sorpresa
Valeria
El timbre sonó con insistencia, sacándome de mis pensamientos. Me levanté rápidamente, girando la mirada hacia Emir, quien aún descansaba. Tomé mi teléfono: eran las dos de la tarde. El ambiente estaba frío, así que me abracé ligeramente antes de dirigirme a la puerta.
Me asomé con cautela por la mirilla. Afuera había un hombre trajeado sosteniendo dos paquetes. Abrí apenas lo suficiente.
—Muy buenas tardes, ¿busco a la señorita Valeria Úbeda? —preguntó con formalidad.
—Sí, soy yo, ¿qué