Valeria
Mi mano empezó a temblar al ver las dos rayitas en la prueba de embarazo. Me cubrí la boca, incapaz de creerlo, estaba nuevamente embarazada. Y, aun así, una inmensa felicidad comenzó a llenarme por dentro.
En ese momento, mi esposo tocó la puerta del baño.
—¿Por qué estás demorando tanto? —preguntó con preocupación cuando le abrí—. Te vi entrar corriendo ¿te pasa algo?
Lo miré, sonriendo, con los ojos brillosos.
—Sí… me pasa algo. Estoy muy feliz.
Lo tomé de la mano y lo guié hasta la