Días después la antigua casa de los Rusbel se erguía como un mausoleo, solitaria y fría, un eco de su antigua grandeza. La piedra desgastada y el jardín descuidado no hacían más que reforzar la sensación de decadencia que se respiraba en el aire. Allí, en ese lugar donde tantos secretos se habían tejido, se encontraba la verdad, esperando ser desvelada. Eirin llegó con la mente llena de incertidumbres, su corazón retumbaba con una ansiedad que no podía ignorar.
Había decidido enfrentar todo, fi