El reloj marcaba las 3:17 a.m. cuando Ethan se incorporó bruscamente en la cama del departamento donde se refugiaban. Eirin, a su lado, dormía con la frente levemente fruncida, como si sus sueños tampoco encontraran paz. Desde hacía días, ambos sabían que algo se aproximaba… pero aún no sabían de qué lado vendría.
El zumbido agudo del teléfono vibrando sobre la encimera lo alertó.
En la pantalla se reflejó un mensaje sin contacto registrado. Solo un número de ocho dígitos y un vínculo encriptad