Eliseo se encontraba en la sala de su penthouse, rodeado de techos altos y paredes de cristal que ofrecían una vista panorámica de la ciudad de Roma. Las luces de la ciudad titilaban como un manto de estrellas rotas, pero él no las veía. Su mirada estaba fija en la pantalla de su teléfono móvil, y sus ojos estaban dilatados por la mezcla de furia y paranoia. Cesantía agotado. La guerra lo había desgastado, no solo física, sino mentalmente. Ya no era el hombre de control implacable. Todo se desl