La habitación aún olía a deseo, al sudor de sus cuerpos entrelazados, a la pasión que acababa de consumarse entre jadeos contenidos y manos desesperadas. La sábana aún a medio cubrir sus cuerpos hablaba de la urgencia con la que se habían buscado. Ethan acariciaba con lentitud la espalda desnuda de Eirin, mientras ella tenía la mejilla apoyada contra su pecho, escuchando los latidos acelerados de su corazón que se estaban calmando. Afuera, la ciudad continuaba con su ruido indiferente, pero ahí