CAPITULO 2

ENNY

Los aplausos de la gente resonaron en la sala y el ruido me presionó las sienes. A mi alrededor todo el mundo chocaba sus copas y se felicitaba, sin que nadie se diera cuenta del temblor que me tenía clavada al piso.

En medio del tumulto, Luca no me quitó los ojos de encima. Su mirada bajó directamente al sobre amarillo que había quedado tirado a un lado de mis zapatos. Se le notaba la tensión en los hombros, ese esfuerzo rápido por acomodar la cara antes de que su prometida notara que algo andaba mal.

Le dijo algo al oído a la mujer, le tocó la espalda con naturalidad y le dejó su copa a un mesero que iba pasando. Se movió con una agilidad que me dio escalofríos. Se disculpó con dos o tres empresarios al pie de la escalera, estrechó manos, devolvió sonrisas y caminó hacia mí a paso normal.

Al pasar a mi lado ni me miró a la cara.

—A la biblioteca. Ahora —murmuró entre dientes, rozándome el hombro antes de dar la vuelta hacia el pasillo.

Lo seguí con las piernas pesadas, metiendo el papel de la ecografía en la bolsa del abrigo. Para toda esa gente vestida de gala, yo solo era una sombra que les estorbaba el paso.

La puerta de la biblioteca se cerró detrás de nosotros.

El ruido de la fiesta se apagó de golpe y nos quedó encima un silencio pesado que olía a libros viejos y a su loción de sándalo. Luca no se volteó a verme, caminó hasta el escritorio, se sirvió un trago de whisky y se acomodó el puño de la camisa sin prisa.

No se le veía asustado, tampoco enojado. Tenía la cara de alguien que atiende un trámite fastidioso.

— ¿Qué haces aquí, Enny? —preguntó, dándole un trago a su vaso sin mirarme.

Tragué saliva, tratando de que el nudo de la garganta me dejara hablar.

— ¿Quién es esa mujer, Luca? Dijiste que ibas a hablar con tu padre. Dijiste que pasando esta semana seríamos solo tú y yo.

Soltó un respiro largo, se recargó contra el borde del mueble y cruzó los pies.

—Te dije lo que necesitabas escuchar para no armar un problema antes del lanzamiento —soltó, con un tono tan normal que dolió más que un grito—. Pensé que eras más práctica, Enny, pensé que entendías dónde estás parada.

—Me dijiste que me amabas —las lágrimas me nublaron la vista y se me empezaron a salir sin control—. Hace tres días estabas en mi cama diciéndome que me ibas a presentar con todos.

Luca apretó la mandíbula, fue un gesto rápido, un tirón duro en la cara que le duró un segundo.

—En tu cama, sí —respondió, mirándome de frente—. Fuiste una buena compañía este tiempo. Eres guapa y trabajas bien, pero eso no te convierte en alguien con quien me vaya a presentar ante mi padre.

—Luca, por favor...

—Admirar que seas recta no significa que te vaya a meter a mi vida —siguió, dándo un paso hacia adelante—. Ana Paula me da el lugar que necesito, me da el poder de los Villaseñor, tú no tienes nada de eso.

El dolor en el pecho hizo que me doblara un poco. Del otro lado de la pared la fiesta seguía, con risas y música, mientras de este lado mi vida se venía abajo sin hacer ruido.

—Rechacé ofertas en otros despachos por quedarme contigo —dije, con la voz hecha pedazos—. Me quedé escondida dos años para no estorbarte. ¿Y ahora me sales con que no sirvo?

Luca puso el vaso sobre la mesa, se metió la mano al saco de etiqueta, sacó un sobre blanco bien cerrado y me lo puso enfrente.

—Este es tu finiquito —dijo—. Hay un cheque por una cantidad que no ganarías trabajando cinco años. Firmas tu renuncia mañana temprano, no te vuelves a parar por la oficina y te mantienes lejos de mí.

Me quedé viendo el sobre, no era algo que se le acababa de ocurrir. Ya lo traía impreso, firmado y guardado en la bolsa antes de que yo pusiera un pie en su casa.

—Ya lo tenías todo listo... —dije en un hilo de voz.

—No me gusta dejar nada pendiente —contestó, viendo su reloj—. Tú eras un pendiente. Y Recursos Humanos ya sabe que tiene que bloquear tus referencias, ningún despacho de esta ciudad te va a dar trabajo si intentas buscarle problemas a la empresa. Así que toma el dinero y haz tu vida en otra parte.

El aire de la habitación se me volvió pesado, me dio un asco terrible en el estómago y las rodillas me empezaron a temblar. Él se quedó ahí parado, esperando a que yo agarrara el sobre y me quedara callada como él quería. Me acordé de las noches que pasé revisando sus informes hasta las tres de la mañana para que su padre no le reclamara errores. Toda mi entrega, mi profesión y mi dignidad estaban resumidas en un papel metido en un sobre.

—Así es como me borras? —murmuré, sintiendo que la boca se me llenaba de amargura—. ¿Con un cheque y una amenaza?

—Así es como resuelvo las cosas en el mundo real, Enny —respondió él, sin que le temblara la voz—. Tuviste dos años de buena vida a mi lado. No vengas a hacerte la víctima ahora, sabías desde el primer día quién era mi familia.

—Yo no quería tu dinero, Luca —dije, dando un paso hacia el escritorio—. Nunca te pedí un solo centavo, te pedí tiempo y que no me escondieras ante la gente.

Él miró la puerta con impaciencia y soltó una risa seca.

—El tiempo no se le regala a cualquiera, Enny. Y el tuyo se te acabó esta noche, solo agarra el sobre.

Me llevé la mano al bolso, apretando la pequeña hoja de papel de la ecografía. Sentí una punzada en el vientre, una pequeña molestia que intenté ignorar mientras el temblor de las piernas amenazaba con tirarme al suelo.

—Luca... —me salió la voz rota, pero apreté mi bolso.

Dio un paso hacia la puerta y agarró la perilla.

—No te compliques la vida, Enny. Esto se acabó antes de que entraras a esta casa, la única que no lo quería ver eras tú.

—Estoy embarazada —solté.

La palabra se quedó flotando en el cuarto.

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