Capítulo 50. El ojo del huracán.
Nicolás daba vueltas por la oficina como un león encerrado. Los nervios y los celos lo tenían a flor de piel, comiéndolo vivo por dentro.
Su mente era una veleta que no paraba de dar vueltas sobre la misma imagen: el abrazo entre Emma y Rodrigo.
Para rematar su furia, ya había movido sus contactos esa misma mañana y confirmó lo que más temía.
Los Monte de Oca, la constructora arruinada de la familia de ese imbécil, estaba liderando una obra en los Hamptons, justo al lado del nuevo centro comerc