Capítulo 17. Deseo bajo el agua.
Manhattan.
Gerardo Altamirano caminaba de un lado a otro en el lujoso salón de su apartamento, con una copa de coñac temblando en la mano por la rabia.
Su esposa, Sandra, lo observaba desde el sofá con el ceño fruncido y una copa de vino a medio terminar.
—El imbécil de Nicolás se casó ayer con una extraña —escupió Gerardo, deteniéndose de golpe.
Sandra se enderezó, soltando su revista.
—¿Cómo sabes eso? Estás delirando.
—Me lo acaba de confirmar Teresa, la empleada de la mansión. Me llamó a pr