Capítulo 131. El karma de Gerardo.
El interior de la camioneta estaba cálido gracias a la calefacción, contrastando con el viento helado que azotaba las calles de Nueva York.
Nicolás conducía con una mano firme en el volante, mientras con la otra sostenía la mano de Emma, entrelazando sus dedos sobre la consola central.
Sin embargo, la mandíbula del magnate seguía tensa tras el encuentro en el pórtico del restaurante.
—¿Qué quería ese tipo? —preguntó Nicolás, rompiendo el silencio, con un tono de voz que denotaba su molestia.
—N