Capítulo 138. Un corazón restaurado.
El sol comenzaba a ocultarse detrás de los imponentes rascacielos de Nueva York, bañando la oficina de presidencia de la Corporación Altamirano con una luz melancólica de tonos anaranjados.
La jornada laboral había terminado, pero Nicolás seguía sentado en su escritorio, completamente solo y sumido en sus pensamientos.
Frente a él, sobre la pulcra superficie de caoba, descansaba una pequeña fotografía que la directora del internado le había entregado.
Era una foto de Leo. Nicolás la miraba fija