Capítulo 136. Lluvia repentina.
Afuera, el cielo parecía haberse roto por completo. Un verdadero palo de agua azotaba la ciudad, golpeando los inmensos ventanales de la villa Altamirano con una fuerza ensordecedora.
Los truenos retumbaban a lo lejos, pero dentro de la mansión, el clima frío y tormentoso no lograba penetrar el calor de un hogar lleno de amor.
En la habitación infantil, la escena era digna de admirar.
Nicolás, el temido magnate y hombre de negocios, estaba tirado en el piso sobre una suave y gruesa alfombra de