Capítulo 118. La confesión de Desiree.
Horas después, a más de cinco mil kilómetros de distancia de Nueva York, la gélida noche de Madrid cubría las históricas calles de la ciudad.
Nicolás Altamirano no lo había pensado dos veces; no aguantó ni dos pedidas.
Impulsado por la rabia y alimentado por el dolor que había visto en los ojos de Emma, había abordado su jet privado ordenando un vuelo directo a España.
Ahora, se encontraba plantado en los silenciosos pasillos del hotel más exclusivo y costoso de la capital española, de pie just