La noche previa a la gala se instaló sobre la ciudad con una quietud sofocante. El comedor principal del ático, usualmente reservado para cenas de negocios que Emma solía coordinar desde su escritorio, estaba dispuesto para ellos dos de forma exclusiva. La vajilla de porcelana fina y las copas de cristal cortado brillaban bajo la luz tenue de una lámpara colgante, creando una atmósfera que se sentía demasiado íntima para el tipo de acuerdo que los unía.
Emma removía la sopa de verduras con la c