El edificio Alcázar nunca le había parecido tan imponente.Ni tan frío.Emma bajó del auto sin decir una palabra. El sonido de la puerta al cerrarse resonó como una sentencia. No estaba regresando a su vida… estaba entrando en algo completamente distinto.Algo que no había elegido.Leonardo caminó delante de ella sin mirar atrás.Seguro.Inquebrantable.Como si supiera que lo seguiría.Y Emma lo hizo.No porque quisiera.Sino porque, por ahora, no tenía otra opción.El ascensor subió en un silencio opresivo.En el reflejo del espejo, la imagen era clara:Él, impecable, intocable.Ella, tensa… pero aún de pie.Cuando las puertas se abrieron, el ático los recibió con su elegancia habitual.Pero Emma ya no lo veía igual.Ahora sabía lo que escondía.—Siéntate —ordenó Leonardo, quitándose el saco con calma.—Prefiero quedarme de pie.Un leve destello cruzó sus ojos.—Como quieras.Se dirigió al bar, sirvió whisky y caminó hacia la mesa central. Dejó caer una carpeta gruesa sobre el mármol
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