La música de la orquesta filarmónica cambió de ritmo, inundando el gran salón con las notas densas y solemnes de un vals clásico. Para la alta sociedad presente, ese era el momento cumbre de la noche: el baile oficial del anfitrión.
Emma aún sentía el pulso acelerado tras las amenazas de Alessandra Valli, pero antes de que la ansiedad terminara de consumirla, una silueta imponente se interpuso entre ella y el resto de los invitados. Leonardo había regresado. Sus ojos oscuros pasaron de la copa