15. La misma sangre.
Khaled Al-Sayed estaba evidentemente nervioso al volver a ver a la mujer que jamás imaginó encontrar de nuevo en su vida. El destino parecía estar jugando con él, burlándose cruelmente de su aparente estabilidad. Y lo peor no era su regreso en sí, sino el hecho de que no estaba sola. Junto a ella, de la mano, iba un pequeño niño. Pero aquel niño no se parecía del todo a su madre. Tal vez en ciertos gestos, o en la forma de su boca, pero lo que realmente lo dejó impactado fueron sus ojos. Esos o