El beso bajo el arco de flores en la mansión de la playa duró lo suficiente para dejar a Valeria sin aliento y a Leo completamente desorientado. Cuando se separaron, la máscara de CEO había desaparecido; solo quedaba un hombre agitado, sus ojos oscuros por el deseo.
Leo no pidió permiso, simplemente la tomó de la mano y comenzó a caminar. Necesitaba salir de allí, urgentemente. Argumentó que la fiesta había terminado para él. Necesitaba el silencio, un lugar donde no hubiera cien personas miran