El trayecto hacia el Hotel Ritz se sintió como el ascenso a un patíbulo, o al menos así lo sentía Valeria en la boca del estómago. A su lado, en la parte trasera del Bentley blindado, Leo era una presencia sólida y silenciosa. Vestía un esmoquin negro a medida que acentuaba la amplitud de sus hombros y la dureza de su expresión.
Leo notó que Valeria jugueteaba con el anillo de compromiso, girándolo nerviosamente sobre su dedo. Él extendió su mano y cubrió la de ella, deteniendo el movimiento.