El silencio fue abrumador. Leo sintió el golpe. Ella había tocado el núcleo de su miedo: que su riqueza invalidara cualquier emoción genuina.
Leo, por primera vez, dejó de lado su traje de CEO. Se acercó a ella, tomándola por los hombros, forzándola a mirar la profundidad de sus ojos ámbar.
"Nunca te compraría, Valeria. Nunca. Eres la única persona en este mundo que el dinero no puede tocar, y por eso te quiero aquí", le confesó con una intensidad desgarradora.
Leo sacó su chequera de la caja f