Para abrir el baile, Julián tenía que bailar el vals con Mía. El problema era que Julián, a pesar de su precisión arquitectónica, tenía dos pies izquierdos para el ritmo.
—Solo sigue mi cuenta, Sterling —susurró Mía, mientras empezaban a girar.
—Uno, dos... ¡ay! —Julián pisó el bajo del vestido de Mía. Intentó recuperarse, pero al dar la vuelta, terminó pisando con fuerza el pie de la abuela Juliette, que pasaba por allí.
—¡Por los planos de Miguel Ángel, Julián! —gritó Juliette, saltando sobre