La paz en el penthouse de Oliver se rompió cuando la puerta se abrió de un golpe, sin que nadie llamara al timbre. Paz saltó del sofá con un grito de alegría.
—¡Bastián! —exclamó, lanzándose a los brazos de un hombre que parecía haber salido de una película de acción de supervivencia.
Oliver, que estaba terminando de redactar un contrato de fideicomiso mientras tomaba un té Earl Grey, se levantó lentamente.
—Paz, ¿quién es este caballero que acaba de ignorar tres sistemas de seguridad y mi dere