CAPÍTULO 118. La ira del encierro.
Capítulo 118
La ira del encierro.
El sol apenas se asomaba por las persianas entreabiertas de la penitenciaría cuando un portazo seco resonó en el corredor. Carlos Herrera abrió los ojos con la sensación de que algo había cambiado: el aire olía distinto, se sentía más pesado, como si la tensión del mundo se hubiera condensado en una noticia. Un guardia, con la mirada esquiva, dejó caer un periódico doblado frente a su celda y se marchó sin mirar atrás.
Carlos recogió el papel con manos que no sólo buscaban leer sino hincar su furia en cada letra. La portada fue un golpe en la cara:
“Fundación clausurada. El Jardín del Edén reducido a cenizas. Operativo desmantela red de trata vinculada a fundación humanitaria.”
La tinta era como un cuchillo que se incrustaba en su costado. Por un instante no supo si reír o romperlo todo. Escupió, arrancó el pliego y lo lanzó contra la reja. Luego empezó a golpear el metal. Primero con la palma, luego con los puños cerrados hasta romperse los nudillos.