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El cuerpo le ardía. Las heridas que tenía sobre su piel costaba que cerraran tras perder tanta sangre. Su vista por momento se volvía negra, pero él se obligaba a volver en sí. Podía escuchar los lobos a su lado mover de un lado a otro.

En algún momento se habían detenido y la oscuridad que se había cernido sobre él era natural. El olor a humedad inundó sus fosas nasales. Debían haber llegado a la cueva donde se ocultarían temporalmente en los terrenos de otra manada. Eso significaba que ya est
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