Ilayen posó sus manos sobre las de ella recorriéndolas por sus hombros anchos y fuertes para que ella pudiera sentir todo lo que se le había desarrollado. La tela de su túnica se había soltado dejando todo su torso expuesto para que ella pudiera palparlo. Por sus brazos mucho más grandes que cuando se había ido, cada curvatura, cada vena marcada sobre estos y ella los iba dibujando con sus dedos. Incluso las manos de Ilayen la soltaron y ella siguió explorando.
Una vez que repasó sus brazos si