Eleanor no podía dormir, aunque lo necesitaba, el agotamiento físico no se lo permitía, pero no era nada comparado con la fiebre que le quemaba la mente. Llevaba horas sentada en el suelo frío de la sala de estar de Omar, con el medallón de oro que su abuela le había entregado en la mano hace ya bastante tiempo.
Omar seguía fatigado, recuperándose de la emboscada, fuera de peligro, sí, pero también fuera de combate.
El medallón se sentía pesado y frío al tacto, tenía la forma de un círculo perf