—No me importa que no tengan registro de entrada, el imbécil está aquí y lo quiero al otro lado del mundo o tres metros bajo tierra.
Me estremezco al escuchar ese tono tan hostil con el que papá estaba hablando en su oficina. Mamá también estaba con él, y a mí me habían dejado descansando en mi habitación, pero sabía que después de lo que les había contado, ninguno de los dos se quedaría tranquilo hasta que no lograran deshacerse de ese mal nacido, por lo que tuve que bajar a escondidas para po