Capítulo 7 El Lado Oscuro

La mañana siguiente amaneció clara y fría sobre la CDMX. Sofía despertó en la cama king size de Mateo, envuelta en sábanas negras que olían a él. Lupita ya estaba en la cocina con Rosa, riendo mientras comían hotcakes. La normalidad de la escena le dolió en el pecho de una forma buena.

Mateo salió del baño con una toalla alrededor de la cintura, gotas de agua resbalando por su pecho marcado. Se inclinó y la besó despacio, profundo, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

—Hoy te presento a mi círculo —le dijo contra sus labios—. Diego, mi mejor amigo y abogado. Rosa ya la conoces. Y mi jefe de seguridad, Carlos. A partir de ahora, ellos son tu familia también.

Sofía se tensó.

—¿Tu círculo? ¿Eso significa…?

—Que eres mía —terminó él por ella, mordiéndole el labio inferior—. Y lo que es mío, se protege. Punto.

A las 9:30 estaban en la torre de León Group. Mateo la llevó personalmente al piso 48, con la mano en la parte baja de su espalda, posesivo y público. Varios empleados los miraron disimuladamente. Sofía sintió las miradas como pinchazos.

La sala de juntas del piso 49 estaba ocupada cuando entraron. Cuatro hombres la miraron al unísono.

—Esta es Sofía Mendoza —anunció Mateo, voz firme—. A partir de hoy es mi asistente personal y… mi prioridad. Lo que le pase a ella, me pasa a mí. ¿Entendido?

Los cuatro hombres asintieron sin dudar. El que estaba a la derecha, un hombre de unos treinta y cinco años con tatuajes discretos en las manos, se levantó y extendió la mano.

—Diego Vargas. Abogado y mejor amigo del imbécil este desde la universidad. Si necesitas algo que el jefe no pueda darte… llámame.

Sofía sonrió, nerviosa pero agradecida.

—Gracias.

El resto de la reunión fue técnica: seguridad, horarios, protocolos de emergencia. Mateo hablaba con autoridad fría, el mismo tono que usaba cuando firmaba contratos multimillonarios. Sofía tomaba notas en su tablet, intentando concentrarse, pero cada vez que él la miraba, sentía calor entre las piernas.

A las 11:17, el teléfono de Mateo vibró. Lo miró, frunció el ceño y contestó.

—Dime.

Escuchó en silencio. Su expresión cambió. Se volvió de piedra. Fría. Letal.

—¿Dónde? —preguntó, voz baja y peligrosa—. ¿Cuántos hombres? Bien. No lo toquen. Quiero hablar con él personalmente. En una hora.

Colgó. Miró a Diego.

—Javier está en CDMX. Llegó hace tres horas. Intentó entrar al colegio de Lupita en Guadalajara esta mañana. Nuestros hombres lo interceptaron a dos cuadras.

Sofía sintió que el mundo se detenía.

Mateo se giró hacia ella. Sus ojos ya no eran los del hombre que la abrazó anoche. Eran los de un CEO que había construido un imperio destruyendo a cualquiera que se interpusiera en su camino.

—Carlos —ordenó sin apartar la mirada de Sofía—, lleva a Sofía y a Lupita al penthouse ahora mismo. Doble seguridad. Nadie entra ni sale.

—Mateo… —empezó Sofía, voz temblorosa.

Él se acercó, le levantó la barbilla con dos dedos.

—Escúchame —le dijo, voz baja pero implacable—. Este hombre ya no te va a tocar. Ni a ti ni a tu hermana. Voy a terminar esto hoy. Y cuando termine… vas a estar libre. ¿Confías en mí?

Sofía lo miró. Vio al hombre que la folló con ternura anoche. Vio al hombre que le dio un teléfono nuevo y le prometió protección. Y vio al hombre que ahora tenía la mandíbula apretada y los ojos fríos como hielo.

Asintió.

—Confío en ti.

Mateo la besó. Fue un beso duro, posesivo, casi brutal. Luego se apartó y miró a Diego.

—Prepárame la sala de interrogatorios en el sótano. Quiero verlo en una hora. Solo.

Diego asintió y salió.

Mateo volvió a mirar a Sofía. Esta vez su expresión se suavizó un segundo.

—Ve con Carlos —le dijo, acariciándole la mejilla con el pulgar—. Cuando termine, voy a casa. Y esa noche… vas a estar en mi cama otra vez. Sin miedo.

Sofía fue escoltada hasta el ascensor privado. Antes de que las puertas se cerraran, miró hacia atrás. Mateo ya estaba hablando por teléfono otra vez, voz fría, dando órdenes que sonaban a sentencia de muerte.

En el camino al penthouse, recibió un mensaje de un número desconocido.

**Desconocido:**  

*Tu jefe es poderoso. Pero yo también tengo amigos. Dile que si quiere guerra, la va a tener. Y tu hermana va a pagar el precio.*

Sofía sintió que se le helaba la sangre.

Y por primera vez, no solo tuvo miedo por su hermana.

Tuvo miedo por lo que Mateo estaba dispuesto a hacer por ella.

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