Pude sentir los ojos de Aleksander encima de los míos; él parecía querer evaluar las cosas de alguna manera, como si lo que decía no fuera verdad.
—¿En serio quieres el divorcio a pesar de todo?
—Claro, los planes eran esos y hasta el momento no han cambiado. Pero no te preocupes, que vas a tener siempre el derecho de ver a los niños y, si de alguna manera no quieres comprar la casa por el hecho de que nos vamos a separar, pues la voy a comprar yo; no tengo el dinero que tú tienes, pero no soy