Lo que no entendía era el motivo por el cuál esto me afectaba tanto; se suponía que las cosas debían mantenerse en total calma, pero aquí me encontraba en una especie de limbo que se alternaba con el infierno mismo.
—Madrina —Analía llegó donde me encontraba—. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué estás llorando?
Ante la pregunta de Analía me sorprendí, llevé mi mano a mi mejilla y me di cuenta de que la niña tenía toda la razón al decir esto.
—No es por nada, cariño. Son solo cosas que de alguna manera me están afectando más de lo que me gustaría; el mundo de los adultos a veces se torna demasiado complicado y no puedo negar que es por causa nuestra; tal como lo dices, la solución es bastante sencilla.
—En eso tienes razón, te encuentras afectada por lo que le has dicho a mi papito, pero estoy segura de que con una disculpa él va a tener.
—No lo sé, ya pedí disculpas y pudiste ver su actitud. Creo que esto de alguna manera va más allá de un perdón o algo por el estilo.
—Madrina, tien