El señor Lennox se fue en dirección a la casa; cuando nosotros entramos, nos encontramos con Sor Pilar, que dormía en una de las sillas, pero al escuchar pasos fue que se despertó.
—¿A qué se debe esa cara de funeral? —ella miró al señor Lennox con el ceño fruncido—. ¿De qué me he perdido?
—Mi adorada nuera, a ella se le ocurrió la brillante idea de contratar a una persona no apta para cuidar de las niñas —el señor Lennox nos miró un poco molesto—. Una cosa es querer ayudar a las personas que es