Aleksander empezó a curar a Brielle y, aunque a ella le ardía el labio, se mantuvo quieta. Era la primera vez que alguien hacía esto por ella. Una vez que finalizó, se sorprendió al ver una paleta enfrente suyo.
—Ten, te has portado bien y te lo mereces —Aleksander se puso a reír—. Ahora cargo una paleta para la niña; ahora es tu turno.
—Gracias por cuidar de mí, es la primera vez que alguien lo hace y tengo que reconocer que se siente agradable.
—¿Nunca nadie cuidó de ti? —Brielle sonrió con m