Aleksander empezó a curar a Brielle y, aunque a ella le ardía el labio, se mantuvo quieta. Era la primera vez que alguien hacía esto por ella. Una vez que finalizó, se sorprendió al ver una paleta enfrente suyo.
—Ten, te has portado bien y te lo mereces —Aleksander se puso a reír—. Ahora cargo una paleta para la niña; ahora es tu turno.
—Gracias por cuidar de mí, es la primera vez que alguien lo hace y tengo que reconocer que se siente agradable.
—¿Nunca nadie cuidó de ti? —Brielle sonrió con melancolía —. Vamos, habla, que soy malo para sacar las palabras a cucharadas.
—Fueron mis padres, hace muchos años —ella sonrió—. Realmente los extraño como no tienes idea.
—Lo imagino, la realidad es que yo también extraño a mi mamá; creo que tenemos algo en común después de todo.
—Tienes razón —Brielle llevó la paleta a su boca—. Está muy rica, es de leche.
Aleksander no quiso decir nada. Se levantó de donde estaba y fue a colocar el botiquín a su sitio.
—Creo que es hora de irnos a dormir —él