La puerta del baño se abrió y fue ahí donde Aleksander entró vuelto loco. Él comenzó a llamarme, pero yo me encontraba recostada en el baño.
—No sé qué es lo que voy a hacer, siendo sincera. No esperaba que el embarazo se diera; es increíble la mala suerte que tengo.
—No te encuentras sola —Aleksander me abrazó con fuerza —te lo juro que estaré a tu lado en todo momento.
—¿A quién quieres engañar, Aleksander? —me aparté de su lado —sabemos bien que me encuentro casada contigo solo porque las niñas necesitan permanecer juntas. A duras penas nos toleramos, cuando pensé que me habías ganado pues resulta que solo estabas teniendo un momento de amabilidad por la muerte de Antonia.
Aleksander no dijo nada, al final sabía bien que tenía toda la razón con lo que decía. Salí de la farmacia y me fui en mi carro, manejé a las afueras de la ciudad, necesitaba un respiro de todo lo que estaba pasando.
—Antonia, no tienes idea lo mucho que te estoy extrañando —sequé mis lágrimas con el dorso de mi m