114: La fortuna para un Michi
Ellos se quedaron hasta el final y se fueron hasta que vieron el ataúd de la señora Adelaida cubierto por la placa. Ellos, al llegar a la enorme mansión, que se sentía con un aire diferente, fueron recibidos por un abogado.

—A ustedes los estaba esperando —el abogado miró a Brielle y compañía—. Por favor, pasen, que tengo que leer el testamento de la difunta señora Adelaida.

Ellos entraron y todos los parientes se encontraban ahí; el abogado fue al despacho de la difunta y fue ahí que sacó aquel
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