115: Rienda suelta a los deseos
Cuando Aleksander entró al agua, Brielle se le lanzó encima como si fuera un cocodrilo cazando a un ciervo. Ella lo empujó hasta el borde de piedra que tenía la presa y ahí abrió sus piernas, rodeándolo con la cintura.

—Brielle, ¿Qué crees que haces? —él se asustó cuando sintió que ella bajaba su ropa interior—. ¡No, aquí no! Alguien puede vernos.

—Vamos, te quiero tener aquí. —Ella miró a Macario—. ¡Vigila por si alguien viene! Si ves algo sospechoso, solo me avisas.

Macario comprendió y termin
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