La respiración de Claude se agitó, conteniendo la furia a duras penas.
Si quien hubiera contestado el celular fuera Angélica, ¿cómo se habría sentido al oír esas palabras?
—Mabel, ¡estás buscando tu perdición!
Al otro lado de la línea hubo un silencio tenso. Tras unos segundos, Mabel respondió con voz trémula:
—Claude… no es lo que piensas. Déjame explicarte.
Claude colgó de golpe. No podía escuchar más.
No dejaría impune a Mabel.
En eso, un auto se detuvo frente a la casa. El hermano de A